Hay cosas que cuando pasan te cambian el estado de ánimo y el humor por completo. Hoy por ejemplo, me levanté bastante más tarde de lo que tenía planeado -por el frío, y esa fiaca que me da al asomar la mano afuera de la frazada, que esté todo tan pero tan frío y saber que apenas me levante no hay vuelta atrás, onda, te parás y no volves a la cama hasta las 23.30, mínimo-, por lo tanto tuve que hacer todo a las apuradas. Como pasó ayer, digamos. Exactly the same.
Pero el día de hoy tuvo algo que el de ayer no.
Apenas terminé mi ducha religiosa, voy a mi cuarto a las corridas para cambiarme (lo más) rápido (posible), y cuando estoy por ir a la cocina a prepararme algo rapidito al pasar me encuentro con el café preparado sobre la mesa y dos tostadas con manteca y mermelada de tomate, justo como a mi me gusta. Cuando logro salir de mi asombro me doy cuenta que sí, I´m not dreamin´. Fue todo obra de mi padre. Y él sentadito al lado de mi lugar, con mate en mano, anteojos puestos relojeando el diario me dice "-mucha fiaca para levantarte, no?. No te preocupes que hoy te llevo yo".
Y la verdad que cuando tiene esas actitudes me doy cuenta lo afortunada que soy, porque a pesar de ser bastante poco expresivo, el muy hijo de puta sabe cómo comprarme. Qué decirme. Onda, un desayuno en el momento justo y un viaje de esos que te salvan el día en un 100%, porque no sólo no te tenés que tomar el colectivo -que a esas horas suele estar hasta las pelotas- sino que encima te deja en la puerta. Y claro, también está el plus del beso en la frente. Daddy´s kiss in your fucking forehead (cosa que nunca, salvo algún que otro cumpleaños).
Después de todo eso- que por poco que suene para nosotros es tanto tanto- es totalmente imposible no tener una actitud zen frente a todo(s).
Resbalé,
quedé flotando así,
sin tocar el suelo.
Voy a entrar,
dejémonos caer,
caer ...
O algo así.
