Te pasaste la mayoría de los fines de semana levantándote con Joan Manuel de fondo, porque tu viejo es fanático y ama ese ritual de escucharlo los Sabados desde temprano, pero recién ahora que te pasa lo que te pasa, logras interpretar ese tema que tanto te gusta y nunca habías pensado de esa manera. Onda jamás de los jamases.
Y te sorprende la loca la manera en que cierta gente te hace cambiar por completo el punto de vista sobre ciertos temas. No sólo los musicales.
Dos días seguidos de cine francés y ya estás pensando en anotarte de una vez por todas para aprender ese idioma. De ahí aprender a pronunciar tu apellido "como se debe" -sólo por curiosidad. Y de ahí mudarte a París, porque como bien dice el título de la peli que te alquiló -porque sabía que amas ese fucking lugar y todo lo que lo rodea-, «Paris, je t'aime».
Y aunque te cueste reconocerlo, a todas estas cosas nuevas de las cuales te habías olvidado cómo se hacían, qué se decía, cómo se actuaba... también.
