Harta de pensar solo en una cosa y quejarme de muchas, decidí empezar el gym. Una vez más. El mes pasado me anoté y fuí, tres clases, obvio. Pero esta vez es diferente -al menos eso es lo que me quiero hacer creer a mi misma- porque no volví con una profesora cualquiera, no sir, volvimos a las raíces. Volvimos a la mina que en quinto año -época en que todas las minas queremos estar flacas para la fiesta y el viaje de egresados, y por qué no, para seguir comiéndonos al "bombón más bonito del club", y todas esas cosas- nos hizo bajar esos cinco kilos de más, que en su momento parecían tan imposibles de irse como la ansiedad en mi persona en estos últimos tiempos.
Y claro, como era de esperarse no pude empezar sola, porque soy una mina jodida que necesita compartir su sufrimiento con otra, mínimo; así de paso cambiasso el día ese que te carcoma la paja de ir, tenés quien te insista y te recuerde que por ahí adentro, al fondo de todo, lejos lejos, todavía tenés fuerza de voluntad.
Sí, justo al lado del paquete de Melba que te bajaste el lunes mientras mirabas Duro de Domar y puteabas una vez más porque basándose en el nivel de sus comentarios, es evidente que si Ursula no tuviera tetas no estaría en ese programa.
O por ahí cerca.
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1 comentario:
veo que los cambios son varios, re good start en su gym : )
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