Me gusta ver cómo las pequeñas cosas, cuando las miras de otra manera, te hacen sentir incluso mejor que antes.
Me gusta viajar y por lo menos por un día sentirme lejos de absolutamente todo(s).
Me gusta que me extrañen aunque no me gusta extrañar,
aunque en realidad,
cuando el temita viene por un tema de tacto y ya no tanto del con,
las distancias ya dan igual.
Quiero más días sin novela.
Quiero vivir en una casa con jardín.
Quiero un perro grande que me de esa sensación de estar protejida.
Quiero emanar alegría y energía como cuando peque.
Quiero las uñas rojas todos los días, la cara lavada y no más llanto interno.
Quiero el ánimo arriba y que me dure más que un caramelo masticable.
Quiero chocolates, besos de reconciliación,
más acción y menos palabras,
quiero que me pases a buscar, me mires sin hablar,
que sonrías y me comas la boca de un beso.
Real, como el de esas películas en la que los protagonistas son novios dentro y fuera de la pantalla.
Necesito.
Complicidad.
Tener esta sensación más seguido,
acordarme que si realmente lo quiero, no es tan complicado;
y frutillas con crema y una oblea de chocolate acomodada justo justo en el costadito izquierdo de la copa.
Yummm.
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