De a ratos tengo esta horrible sensacion de estar completamente a destiempo del resto; siento como que están todos yendo muy apurados, a kilòmetros por horas, quién sabe a donde, y yo, sin ganas de preguntarme ya por qué es que lo hacen -o si realmente me sirve seguir a esa misma velocidad-, no hago nada y simplemente los sigo. Hasta que llega un día en el que mientras vulevo del laburo, me doy cuenta que no necesariamente todos tenemos que tener ciertas cosas a tal o cual edad. Que lo haga la mayoría no significa que esté bien, o que me tenga que conformar sólo con eso para convencerme de que lo que hago es lo correcto. Masas. Salvo en los recitales, nunca me convencieron. Y cuando deambulas siempre entre las mismas, te aburrís. Te sofocas. Entonces te limas, llamas a una amiga, te encontras en Constitución y te vas hasta La Plata, con el pretexto de ver a una banda, cuando en realidad ambas saben que se estan yendo para escapar, y aprovechar ese no se qué que tienen los lugares nuevos, desconocidos, donde el aire constantemente va a intentar seducirte por el solo hecho de ser diferente.
Después de todo, las cosas en ese estado -últimamente-, ya no me asustan...
domingo, mayo 25, 2008
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