Si te tuviera que describir esta época del año como si fuera una imagen, una fotografía mía, te diría que aparezco estirada de pies y manos, como la víctima de algún asesino de esos que te ata en una cama con los brazos y las piernas a cada lado, pero en vez de estar sostenida por una soga o algún elemento de esas características, en esta imagen los encargados de tenerme tan así, a los tirones, al borde del ataque de pánico y de miedo, son nada más y nada menos que personas. La gente que más quiero, para serte específica.
Así es como te das cuenta que miles de veces te sentís más que ligada con aquellos a los que menos le importás justamente por eso: porque les resbalás. Entonces, al no importarles, no preocuparlos, no interesarles, no tiran. No duelen.
Hasta que vos sí te ligás y chau, el sufrimiento es cien veces peor.
Entonces llega el Viernes a la noche, el Sábado (Live! from B.A..it´s Saturday Night!) y a pesar de tener miles de cosas para hacer, como ir al doc a examinarte, o a la depiladora, o sentarte a estudiar cierta materia, o ponerte al día con tal otra, o visitar amigas que no ves hace semanas, o mirarle la cara a tus viejos, o simplemente hablar con ellos tete a tete sin necesidad del fucking teléfono, o salir a correr, o hacer el tp de otra materia, o tal vez -por qué no- mimarte un poco y tirarte a hacer nada; lo único que tenés ganas de hacer es acostarte en la cama, taparte con la frazada hasta la cabeza, comprarte un kilo de helado... y tirarte a ver la película que estén pasando en ese preciso momento en el canal menos cool que se te pueda ocurrir. De I Sat a Europa Europa, el que primero te capture.
Y te ahogas buceando entre las diferentes posibilidades que abarajas para poder hacer todo en tan sólo 48 hs, mientras te quejas, te haces la cabeza, puteas y reproducís todas esas frases que tratan sobre la injusticia con un tono novelístico carecterístico del canal de las tres pelotitas en la franja del mediodía; hasta que en uno de esos descuidos del día, te alejas de la "tragedia" y te ponés a hablar con una persona que te dice que a pesar de haber pasado ya "bastante" tiempo, sigue mal porque extraña al hermano. Sigue mal porque lo sueña, porque siente su ausencia en la casa, porque siente que le falta su risa, le faltan las jodas, le falta alguien con quien pelear por quién pone la mesa esa noche, o por cualquier otra pelotudez... le falta un pedazo de ella misma.
Y vos casi llorando te das cuenta otra vez, te acordas lo que durante tanto tiempo te repetiste y ya de tanto repetirlo por dentro la voz interna se convirtió en una de esas canciones que terminas cantando por fonética y que cuando te tomás el tiempo de sentarte a escuchar detenidamente, y a analizarla, te hacen decir "ah, cierto. Decía algo más profundo que lo que el ritmo te trasmite". Entonces, mientras pensás en qué mierda decirle como para que no se sienta tan mal, y de paso sepa que puede contar con vos, mirás por la ventana, como pretendiendo que el puto vidrio te elija con delicadeza las palabras adecuadas para el momento, y ves tu imagen reflejada en la ventana que da justo a la calle de atrás de la oficina, mientras pensás: "qué monga cierta gente, eh". Donde monga significa "estúpida", y donde claramente "cierta gente" significa "vos, pelotuda, vos". Mientras con una mano armas rulos con tu pelo que no es tuyo; y mientras esperás que el té que te va a dar un poquito de calor en esta divina tarde de pseudo invierno, se enfríe por lo menos un poquitinho mais.
miércoles, abril 16, 2008
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