viernes, agosto 22, 2008

Change your taste in men

Jamas supe su nombre pero nunca me importó.
Siempre admiré su persona (y aca te das cuenta lo monga que soy, tonta tonta tonta) porque tenía las facciones y la ropa que siempre quise tener. El pelo castaño oscuro del largo ideal, con un toque de ondas, la tez blanca, las orejas y nariz pequeñitas, los ojos con forma redondas de esos que te miran y transmiten por más de no ser de color claros, y la sonrisa y dentaduras perfectas.
Hoy la ví subiendo por las escaleras del subte, dirigiéndose hacia la facultad, y te juro que si no fuera porque todavía no me da la cara para esas cosas, casi la encaro y le pregunto cómo hace. Cómo catzo hace.
La típica mina que de ser hombre, me embobaría.
Que una mujer normal querría matar, claro, y bueno, ejem, acá todo lo contrario.
Creo que le pediría el teléfono.

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