Jamas supe su nombre pero nunca me importó.
Siempre admiré su persona (y aca te das cuenta lo monga que soy, tonta tonta tonta) porque tenía las facciones y la ropa que siempre quise tener. El pelo castaño oscuro del largo ideal, con un toque de ondas, la tez blanca, las orejas y nariz pequeñitas, los ojos con forma redondas de esos que te miran y transmiten por más de no ser de color claros, y la sonrisa y dentaduras perfectas.
Hoy la ví subiendo por las escaleras del subte, dirigiéndose hacia la facultad, y te juro que si no fuera porque todavía no me da la cara para esas cosas, casi la encaro y le pregunto cómo hace. Cómo catzo hace.
La típica mina que de ser hombre, me embobaría.
Que una mujer normal querría matar, claro, y bueno, ejem, acá todo lo contrario.
Creo que le pediría el teléfono.
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